Contactos con Europa. Presentación en Donosti.

Martin nos animó a visitar otras SMC´s en Europa, todas ellas con 10 o más años que nosotros, recién nacidos, para conocer su situación y su evolución desde los momento iniciales. Germán y yo visitamos todas las SMC´s europeas. Con ojos bien abiertos y lápices afilados fuimos tomando notas, y filtrándolas. Así fuimos copiando y descartando opciones, en todas áreas, desde las organizacionales, diseño de planta de producción, sistemas de almacenaje, de gestión, etc.

Fueron visitas muy productivas, para entender los problemas con los que nos iríamos a enfrentar en el futuro y para copiar las buenas prácticas y evitar las no tan buenas. De todo había. Nos recibieron siempre de forma excelente con una transparencia considerable.

PRIMER EUROMEETING EN ESPAÑA.

A ello contribuyó que una vez constituida SMC, Martin nos pidió que organizásemos el siguiente Euromeeting, que consistía en la reunión de los máximos responsables de las diferentes subsidiarias europeas. En ella se compartían los éxitos y problemas y se establecían algunas políticas y acciones comunes.

El siguiente debía ser en Febrero. Las oficinas de Vitoria no estaban precisamente presentables, así que elegimos San Sebastián, una ciudad con encanto que podría cautivar a nuestros nuevos colegas. Además no olvidemos que Germán es guipuzcoano. El lugar, el Monte Igeldo, un balcón sobre la bahía y la ciudad. A través de un amigo de Germán tuvimos acceso a una cena en Gaztelubide, como no había ninguna mujer era posible, además si invitábamos a la cena al Ochote, nos deleitarían con canciones y parodias.

La organización fue perfecta, menos en lo meteorológico, los días anteriores y el día en el que llegaban nuestros colegas cayó una nevada considerable, los vuelos fueron desviados o cancelados. Por unas horas vivimos en una zozobra que temíamos podía dar al traste con la reunión. Pero por rutas alternativas y mucho más tarde de lo previsto fueron llegando.

El día siguiente salió espléndido, desde Igeldo se veía la bahía, la ciudad y un fondo de montañas nevadas, inigualable.

El debut en la reunión fue positivo. Para cenar en Gaztelubide, un menú de categoría, regado con todo tipo de caldos, desde la manzanilla inicial a los espirituosos finales. Al concertar la cena quedamos en invitar al ochote, que entre plato y plato nos amenizaría la cena. Yo no sabía que había ochotes de veintitantas personas, tampoco que podían comer y beber tanto. Cuando pague la factura, mejor dicho la cuenta, se me puso el pelo blanco. Al contabilizarla me dio vergüenza anexarla al pago,

Resumen de «la cuenta» de Gaztelubide

así que me la quede, inicialmente para poder aportarla como justificante, caso de ser preciso, después como recuerdo de una cena inolvidable.

 

Porque fue inolvidable, por el menú y por el megaochote, que desde el inicial “Tenemos Hambre”, que ya dejo impresionados al conjunto de invitados de SMC, con japoneses, italianos, suizos, austriacos, franceses, ingleses y nosotros. Además coros y pasajes de ópera, parodias musicales y todo tipo de sorpresas.

Martin, aficionado a la ópera, me comentó que las voces de algunos de ellos eran de profesionales, estaba en lo cierto, había varios miembros del Coro Easo y alguno había cantado en operas profesionales. Todo ello en el ambiente de nuestra sociedades, aunque es cierto que nos sirvieron la comida.

Desde el punto de vista gastronómico el evento fue extraordinario, nuestros colegas europeos flipaban. Además de la cena en Gaztelubide, comimos en Akelarre, en Hondarribi un pescado excelso de los que saben preparar allí. Para colofón, la última noche, algunos ya se había marchado, decidimos ir a la parte vieja, queríamos una cena ligera después de tanto festín, alguien nos recomendó un bodegón, que estaba en un sótano, allí nos sentamos y pedimos unos platos de una carta que prometía. Fue de alucine. Otra sorpresa excelente, el chef se presentó a los postres, en su chaqueta un nombre entonces desconocido para casi todos. Martin Berasategui.

Nuestro debut fue bienvenido, Martin estaba muy satisfecho de su opción y nos pidió que siguiéramos yendo, a Germán y a mí, a los sucesivos Euromeetings, que se celebraban cada 3 o 4 meses. La presencia de Germán era normal, pero la mía excepcional, puesto que la mayoría de los países estaban representados por una sola persona.

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