Nos visita Jiro Shirai, el segundo de Takada. Y, otras celebraciones

Como ya hemos dicho en la segunda mitad de los 90 incrementamos las relaciones con el grupo SMC, a nivel europeo y con Japón. Además de las visitas de Takada, nos visitaron otros ilustres directivos. Una de las más entrañables fue la visita de Jiro Shirai, el número dos de la Corporación en aquellos días, especialmente dedicado al área económica. También vino acompañado de su mujer, se decía que precisaba de su ayuda en los viajes. Su salud estaba ya afectada por su hábito de fumador empedernido y tenía

Sr. Shirai, el segundo por la izquierda, en Suiza

limitaciones físicas hasta para transportar maletas. En las antiguas oficinas  de SMC en Shimbashi, estaba prohibido fumar, por decisión expresa de Takada, pero Shirai lo podía hacer. Cuando preguntabas donde estaba Shirai, la respuesta era, apuntándote a una nube de humo, «debajo del humo». Al final de su vida pago tributo a ese mal hábito. Era un persona afable, sonriente y agradecido. Le preparamos una visita acorde con su rango, quedó encantado.

 

Estábamos en el momento de adquirir más terreno en Jundiz, recordamos como, estando en el exterior de las oficinas, enfrente del hipotético terreno, se intereso por el precio a pagar. Cuando se lo dijimos le entraron dudas, ¿era por cada metro cuadrado, o era por todo?; en Japón tiene una medida de superficie, el tsubo, también hubo que traducirlo. La cuestión era que le parecía muy barato, cuando confirmamos el precio nos animó a comprar medio polígono. Nos quedamos de piedra. Le explicamos que el precio era especial y estaba condicionado a la inmediata construcción de una parte del terreno, lo que conllevaría la consiguiente creación de empleo. Esas eran las condiciones del Ayuntamiento. Compramos lo que considerábamos necesario en aquel momento, pero nos dimos cuenta de la visión de SMC sobre inversiones y de su poderío financiero.

En otra ocasión estando yo de vacaciones en el Sur, me llamó desde Japón, eran todavía tiempos de la peseta, pero ya había lo que se conocía como SMC, Serpiente Monetaria Europea, el antecedente del Euro. Las monedas estaban relacionadas entre sí con un tipo de cambio fijo, no había fluctuaciones de moneda. Un tiempo anterior si que podía haber devaluaciones y revaluaciones, debido a ello los intereses que se pagaban por los depósitos variaban considerablemente, altos para la peseta, por el riesgo crónico de devaluación y bajos para el marco alemán, mucho más estable. Así que alguien en Japón descubrió un filón, hacer depósitos en pesetas, a interés alto, al mismo tiempo que se estaba protegido frente a fluctuaciones de moneda, vamos la cuadratura del círculo. Me pidió Shirai que gestionase el asunto, aunque le dije que los intereses se habían igualado desde que las monedas estaban “sindicadas”; me insistió en ello. Abandone los planes de playa y me puse al tema, le pregunte de cuánto dinero estábamos hablando, que pensaba SMC invertir en pesetas. Tuve que coger papel y lápiz y hacerle repetir la cifra varias veces. Era mareante. Llamé a mis contactos bancarios, en aquellos días del BBVA y me confirmaron mis ideas, no había tanta diferencia en los intereses, si alguna, el equivalente a lo que hoy sería la prima de riesgo; pero no el “chollo” que se veía desde Japón. Cuando les solté la cifra que SMC consideraba, sorpresa, era por la mañana, pero dudaron si habría bebido ya; y, sugirieron que tendría que hablar con el presidente del BBVA, la cifra no era para menos. Les dije que paciencia que tendría que volver a hablar con Japón y el asunto quedé en nada.

La mujer de Shirai, en su papel de protectora del marido, nos cayó, y le caímos, muy bien. Después cada vez que tenia oportunidad nos hacia llegar

Con el Sr. Shirai y su esposa. Camino de Madrid.

un pequeño regalito de recuerdo. Nos hizo varias confidencias, por ejemplo, que el marido era muy desaliñado en el vestir, para asegurarse de que se ponía la ropa correcta, de víspera dejaba camisa, pantalón, chaqueta, etc. asequibles y retiraba y escondía todo lo demás, según ella Shirai se ponía lo primero que veía.

 

Muy comentado, especialmente por las féminas de SMC, fue el calzado, llevaba unos botines que tenían un cascabelito, cada vez que caminaba sonaba un tintineo. Les pareció muy práctico y hubo sugerencias de que los jefes adoptásemos esa costumbre, supuestamente japonesa, su idea era saber de antemano cuando nos aproximábamos. Al final no salió nada, nadie se atrevió a poner el cascabel al jefe.

Alguno de los seguidores de este blog me ha envido una copia del menú de celebración del decimo aniversario. Como era habitual en aquellos tiempos se celebraba una cena, que era precedida por una sesión de toda la empresa para ver la evolución seguida y compartir, por algún representante de cada departamento, los detalles de las tareas, logros y preocupaciones del departamento. Siempre resultaban, tanto la sesión como la cena muy agradable, la cena acababa “pronto”, pero al día siguiente.

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