Las negociaciones multibanda con los accionistas de Legaire, historias para dormir poco

Durante el transcurso de las tensas negociaciones posteriores, tensión propiciada por los tales accionistas capitalistas, que sin fundamento alguno pretendían “sacar más tajada” de algo que no tenía mucho de donde sacar.

La voluntad de SMC de mantener el equipo humano primó sobre las recomendaciones que en un momento Germán y yo hicimos a SMC, sobre la conveniencia de acabar con las negociaciones e iniciar la vida de SMC constituyendo otra empresa, asegurando Germán, que si él se marchaba de Legaire, todos los demás le seguirían. Pero Martin asumió que cumpliría con su compromiso a pesar de las tensiones creadas por los accionistas vendedores.

En estas negociaciones, muchas de ellas llevadas por Germán y yo directamente con los vendedores, la tensión era muy alta, se desdecían de lo que supuestamente estaba ya pactado o habían aceptado días antes. En un momento dado pedimos a Martin que viniese desde Suiza para tener la reunión final y atajar todos los nuevos requerimientos. En lugar de reunirnos en sus oficinas alquilamos una sala en un hotel, nada barata por cierto, para estar en campo neutral. En la preparación de la reunión aconsejamos a Martin romper, como fórmula para salir del asunto. Martin nos escuchó y agradeció la aportación de razones, pero se mantuvo en su oferta inicial, que era muy generosa. La otra parte aceptó sin mencionar sus nuevas exigencias, las que nos habían traslado a nosotros. La reunión fue, por lo tanto, exitosa, pero personalmente sentí vergüenza ajena. La otra parte, vitorianos como yo, no miraban a la cara de Martin, miraban al suelo y no sostuvieron sus exigencias, me avergoncé como paisano suyo.

Todavía seguirían más tensiones, a las que ya prestamos menos atención y seguimos trabajando para llegar a la firma de los acuerdos. La firma se organizado para el 15 de Octubre de 1990, ante notario, a primera hora debían estar la parte compradora, los vendedores, algunos no se hablaban entre ellos, por lo que había que evitar que coincidiesen, representantes del banco que entregarían los cheques correspondientes y los asesores de la operación, por si surgiesen dudas sobre la marcha.

Era un lunes, después del puente del Pilar, y en el último día de trabajo antes del puente a hora muy tardía, sobre las 20 horas, estuve hablando por teléfono con un representante de los vendedores, con Germán presente, pero sin oír, todavía no teníamos manos libres. Mejor que no oyese. Los ataques y disparates de aquella persona eran de calado, especialmente contra German y Enric. La operación volvía a estar en el alero, aunque ya curtido no me afecto demasiado. Nos fuimos a casa, le dije a Germán que disfrutase del puente, yo también pensaba hacerlo; y ya veríamos el lunes si en la oficina del notario se presentaban todos los convocados dispuestos a firmar. Si no habría que arrancar con otra opción. La empresa no estaba para aguantar mucho y la debacle se iniciaría muy pronto.

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