El equipo inicial, las personas.

El equipo inicial, cuyos nombres merece la pena citar.

Belén, que vivía a más revoluciones que la media, lo que le permitía estar al teléfono, fijo, y en el almacén para ver si había el producto señalado, mantener las relaciones con los clientes, etc. Parecía que en vez de pies tenia ruedas.

Alfonso, fallecido después de una jubilosa jubilación, que aunque especialista en hidráulica se reconvirtió a la neumática, generoso aportador de conocimiento y buen ambiente a cualquier equipo, además de Continuar leyendo “El equipo inicial, las personas.”

Contactos con Europa. Presentación en Donosti.

Martin nos animó a visitar otras SMC´s en Europa, todas ellas con 10 o más años que nosotros, recién nacidos, para conocer su situación y su evolución desde los momento iniciales. Germán y yo visitamos todas las SMC´s europeas. Con ojos bien abiertos y lápices afilados fuimos tomando notas, y filtrándolas. Así fuimos copiando y descartando opciones, en todas áreas, desde las organizacionales, diseño de planta de producción, sistemas de almacenaje, de gestión, etc.

Fueron visitas muy productivas, para entender los problemas con los que nos iríamos a enfrentar en el futuro y para copiar las buenas prácticas y evitar las no tan buenas. De todo había. Nos recibieron siempre de forma excelente con una transparencia considerable.

PRIMER EUROMEETING EN ESPAÑA.

A ello contribuyó que una vez constituida SMC, Martin nos pidió que Continuar leyendo “Contactos con Europa. Presentación en Donosti.”

El ordenador del futuro, IBM AS400. Buscando terrenos.

La empresa utilizaba un PC, con un programa informático contable para la facturación, contabilidad, impuestos, etc.

Martin nos recomendó adquirir un ordenador de IBM, un AS400, como tenían todas las empresas en Europa. Para una empresa como Legaire un AS400 era un portaviones para un pescador de los de anzuelo. Contactamos con el agente de IBM local, vino a visitarnos, les dijimos que queríamos un AS400, incluso algunas de sus características. Remoloneaban. Sólo varios años más tarde reconocieron que no se creyeron que íbamos a comprar un AS400, con toda la programación para gestionar una empresa significativamente mayor. Pero lo tuvimos e iniciamos un cambio en los procesos internos que fue posible gracias a la excelente disposición de los pioneros.

Algo parecido pasó con la modernización de los equipos de diseño y preparación de documentación comercial, catálogos, leaflets, etc., en este caso basado en Mac/Apple.

En paralelo empezamos a buscar locales donde  alojar la empresa que estábamos llamados a ser. Aquí también la ayuda de Martin fue crucial. Apuntábamos demasiado bajo, a demasiado corto plazo. Vimos locales ya construidos en algún polígono de Vitoria, también algún edificio en Sabadell. Cuando empezamos a pensar a más largo plazo decidimos comprar terreno. Jundiz era el último polígono creado en Vitoria, el precio del suelo era asequible, aunque la condición era la construcción y la creación de puestos de trabajo. Los plazos eran cortos, incluso para nosotros, pero compramos dos parcelas, total 10.000 metros cuadrados, con la aprobación del Ayuntamiento de que los plazos para construir sobre la segunda parcela fuesen más dilatados de lo normal.

Entendimos que la construcción tenía que ser, sin las limitaciones de adaptarnos a un edifico existente, acorde con los excelentes productos de SMC y las expectativas sobre el proyecto, así que nos dirigimos al que pasaba por ser el mejor gabinete de arquitectura de la ciudad y empezamos a profundizar en el críptico lenguaje de los arquitectos. Salió bastante bien, eso sí tuvimos que vencer su escepticismo sobre nuestras pretensiones que parecían fuera de lugar, sobre todo cuando nos visitaban en nuestro chiringo. Eso que al chiringo inicial le habíamos habilitado un área, con paneles prefabricados, de oficinas que aumentaban, un poco,su prestancia, además de alojar a las nuevas incorporaciones.

El primer gran pedido de stock

Mientras se preparaba la operación de firma por SMC se planteó que debiéramos hacer una compra significativa de material para reforzar el inventario. Hasta entonces en el chiringuito de Sabadell ponían cajas de cartón vacías en las estanterías. Cuando llegaban clientes les hablaban del stock que teníamos, !!en cajas vacías!!

Utilizando estadísticas de ventas yo mismo prepare una tabla con los artículos que sería conveniente comprar y en qué cantidades, supuesto un crecimiento tan importante como el que esperábamos. El escepticismo era total, comprender que alguien que no sabía de neumática, ni estaba en contacto con los clientes, pudiese hacer una recomendación de compras era muy difícil.

Por un lado el resultado era impresionante, por lo elevado del importe, todavía no teníamos demasiado dinero y su pago se antojaba problemático, aunque fuese 6 meses más tarde. Pero después de los retoques de German y Belén, los conocedores del asunto, el pedido se cursó. Germán esperaba que desde la Corporación se corrigiese a la baja, o que pusiesen algunas pegas. Pero a los dos o tres días fue felicitado por Martin, en nombre de Japón, por el gran pedido y por la apuesta que representaba respecto del futuro.

Por otro lado el sistema para determinar los artículos a pedir, nunca totalmente aceptado, por la falta de credibilidad del autor, sí que se consolidó, aunque bajo la supervisión final de Germán y Belén, finalmente esta última, que aunque tenían dudas conceptuales se dieron cuenta de que al menos era un guion sobre el que podían trabajar y personalizarlo a su gusto. Se evitaban las notas de recuerdo, las idas al almacén, etc. Todavía años más tarde muchas empresas hermanas y la propia corporación no ha terminado de dar con la clave en este capítulo.

SMC, los inicios

Previamente a la firma de arranque, durante los meses entre Mayo y Octubre, las negociaciones fueron el centro de atención de German y mía. Pero pasaron más cosas. Con Germán viajé a Sabadell y Madrid, varias veces a cada sitio. Germán me decía que para que conociese las filiales de allá y sus personas, el propósito era doble, que me conociesen a mí y bendijesen mi incorporación al proyecto. Como no era de formación técnica, sobre todo en neumática, y ellos carecían de formación económica me contemplaron como un extraño que supuestamente sabía algo que ellos precisaban para llevar a cabo su proyecto. Eso llevó a un cierto respeto, no exento de cierto miedo, por el potencial control que podría ejercer sobre el proyecto.

Germán, la primera vez que nos vimos, me dejo ver un plan de futuro, era una simple hoja de cálculo, hecha con el McIntosh, mazintos en el lenguaje de Legaire (Alfonso dixit), donde se reflejaban las ventas esperadas en cada uno de los tres o cuatro años siguientes. Eran un sueño, por lo grande del crecimiento. En mis visitas a Sabadell y Madrid, aproveche para preguntarles por separado sobre si esos objetivos eran demasiado ideales. Por mi experiencia la gente de ventas trata de rebajar las expectativas entendiendo que así se liberan de la presión de logros exigentes, pero en estos casos, después de algunas dudas iniciales, acababan con algo así como “incluso pueden ser más”. En mi cabeza que Germán estaba loco por pensar que sus planes eran posibles, pero constatar que estaba acompañado en su locura por otros dos actores principales del proyecto me hizo creer en él. Continuar leyendo “SMC, los inicios”

Donde ubicar la sede social, ¿en Vitoria o en Catalunya?

Otra disyuntiva que Martin nos planteó en algún momento fue el de la localización de SMC. Aunque Legaire estaba en Vitoria, con media docena de personas, a los ojos de Martin estaba lejos de los centros donde se ubicaban las empresas japonesas. El área metropolitana de Barcelona era la favorita, además era donde estaba el mayor mercado. El mismo tenía una casa en el norte de Catalunya, cerca de Banyoles. Cuando nos lo puso encima de la mesa, Germán y yo nos miramos, y sin más le dimos una negativa. Creo que el lenguaje corporal fue más contundente que el verbal. Basado en que también en nuestra zona de influencia el mercado era considerable y que nosotros vivíamos aquí, el asunto quedo cerrado de inmediato. Muchos años después Martin reconoció lo acertado de la decisión.

A la vista de los acontecimientos presentes, dejo al lector el juicio final sobre lo apropiado, o no, de la decisión.